miércoles, 30 de julio de 2014

Escribió Dickinson, de Carina Sedevich


Me permito copiar estos poemas que leo en el blog de José Ángel Barrueco. En el blog de David González se pueden leer algunos más. Merecen la pena.

Escribió Dickinson:
Me fui temprano, me llevé mi perro.

Cosas de la gente que está sola.

Yo también salgo y dejo esas noticias.

Y encabezo Hijo
y firmo Madre

como si hubiera alguien más en esta casa.

Me fui temprano.

Crucé las vías para llevarte flores.

No tuve apuro.

Las palabras, grandes o pequeñas,

siempre corren la suerte
de las flores.

**

Me llamaste para decirme que ya no te escriba
que estás formando una familia
que querés tener un hijo

y que yo
con mis provocaciones
no hago otra cosa que complicarlo todo.

Yo perdí dos hijos tuyos:
uno en febrero, para nacer en agosto,
otro en agosto, para nacer en febrero.

Es un día triste, pero
con una mano en el corazón,
los he tenido muchísimo peores.

**

Paso la vida sentada ante la mesa
leyendo
y escribiendo

y bebo

y celebro a los poetas chinos
que le cantan al vino,
a la contemplación.

Pero si veo a mi hijo borracho
me preocupo

y si lo veo ocioso
me entristezco. 



Alción Editora

martes, 22 de julio de 2014

Todas las ciudades y París




Todas las ciudades y París es un libro que nace hace casi dos años, cuando tres proyectos en principio independientes resultan estar más unidos de lo que yo pensaba. Desde ese momento mi idea es editarlo todo en un libro, formar lo que se podría llamar “la trilogía de París”, aunque no tenga nada de trilogía.

En primer lugar, el libro que da título finalmente al proyecto es un recorrido por todas esas ciudades que me han marcado de alguna manera, ya sea por haber vivido en ellas o por haberlas visitado alguna vez. Entre sus páginas uno se puede colar en Madrid, en Málaga, en Valencia, en París, en Ámsterdam, en Nueva York e incluso en Ubud, en Bali.

La segunda parte es tal vez la más personal y difícil de incluir. En el año 2000 mis padres celebraron en París sus bodas de plata. Tras su regreso, a las pocas semanas, a mi padre le diagnosticaban un cáncer y seis meses después, moría. Hace pocos meses quise recopilar todas las diapositivas de ese viaje, escanearlas y crear un álbum que regalarle a mi madre. Al proyecto le añadí también un plano de París donde se sitúa de forma exacta el lugar donde está hecha cada foto. Al final, todo este proceso lo he contado en la primera parte, en las páginas que dedico a París y a todo lo que significa.

Hace dos años inventé dos personajes e hice que uno de ellos mandase una serie de cartas al otro. En ellas se tratan toda clase de temas, desde la vida cotidiana hasta música y cine, pasando por viajes y literatura. Poco a poco París se coló de nuevo, primero pasando una pata por debajo de la puerta y al final de golpe, entrando en la habitación sin pedir permiso y derribando cualquier mueble que encontró a su paso. De esta manera acabó unido con la primera parte, casi sin darme cuenta, formando parte al final de la misma historia.

Ahora el libro está aún formándose, acabando textos, corrigiendo otros, dándole forma lentamente para que todo quede como tiene que quedar. Y quiero abrir esta página para darlo a conocer, para ir mostrando pequeñas píldoras, pequeños fragmentos, todo el mundo que gira en torno a Todas las ciudades y París y que también forma parte del proyecto.

miércoles, 2 de julio de 2014

‘NUNCA LO HE VISTO BORRACHO’: UNA ENTREVISTA AL EDITOR DE TODA LA VIDA DE BUKOWSKI

Copio en el blog esta entrevista hecha a John Martin, editor de Bukowski. El artículo original se puede encontrar aquí.

Por Jonathan Smith.
Al margen de lo que puedas pensar de Bukowski —que era una máquina de follar nihilista y sin talento que se acostaba con putas y se bebía cualquier líquido con graduación alcohólica, que representaba la voz de una generación de obreros hastiados de su trabajo en las fábricas o una combinación de ambas cosas—, es innegable que fue una figura importantísima en la historia literaria de Los Ángeles. Hace unos años, mientras trabajábamos en una edición de la revista de temática hollywoodiense Showbiz Issue, decidí ponerme en contacto con el que ha sido editor de Bukowski durante toda su vida, John Martin. Quería tratar de averiguar cómo era la vida diaria de este “galardonado poeta de amargas callejuelas y bares oscuros”, despojando su figura del folclore que la acompaña.
Si alguien conocía mejor que nadie a Charles Bukowski, ese es Martin. Como editor del poeta durante la mayor parte de su vida, Martin es la razón por la que hoy conocemos a Buk y lo odiamos o amamos. En 1965, Martin le ofreció a Bukowski un sueldo vitalicio de 100$ al mes si dejaba su trabajo en la oficina de correos y se dedicaba a escribir a tiempo completo para la editorial Black Sparrow. Bukowski accedió y Martin cumplió su palabra, aunque el salario llegó a ascender a 10.000$ cada dos semanas. Fue padrino de Bukowski en su boda y aportaba un elemento de seguridad a su a menudo inestable vida.
Finalmente, y a pesar de haber conseguido material interesante tras mis conversaciones con Martin (como el título de este artículo), la entrevista no llegó a publicarse y se abandonó por varias razones. Ahora avanzamos a cámara rápida hasta este mes, en el que publicamos un reportaje de moda titulado "Las mujeres de Bukowski". Las fotografías mostraban mujeres núbiles ataviadas como personajes de las novelas del escritor. La galería de fotos nos pareció un buen pretexto para desenterrar la entrevista a Martin, y eso es lo que hemos hecho.


VICE: ¿Bukowski fue la única razón por la que fundaste Black Sparrow?
John Martin: Sí. Creé la editorial para publicar la obra de Charles Bukowski. Había visto su trabajo en revistas underground y estaba convencido de que él era el nuevo Walt Whitman. Publicaba unos libritos de entre ocho y doce páginas en tiradas de 100 ejemplares a través de pequeños editores de todo el país que resultaban ser sus fans, ya que ni siquiera eran editores. Nunca se esforzaron en intentar distribuir sus libros ni nada por el estilo.
Al principio yo tenía otro trabajo que me mantenía ocupado de 7:30 a 17:00. Cuando acababa me iba a casa, cenaba con mi mujer y mi hija y me iba a la oficina de Black Sparrow, donde trabajaba desde las 19:00 hasta las 00:00 o la 1:00 de la madrugada. Me pasé años así. Finalmente, hacia 1974, Bukowski era tan popular que yo solo no daba abasto, por lo que contraté a un asistente y a otra persona que empaquetara los libros.
Háblame del trato inicial que tenías con Bukowski. Te comprometiste a darle 100$ al mes, ¿no?
Esa fue una gran época para ambos y también, creo, para la poesía. Nos sentamos con una hoja en blanco en la mesa. Él hizo una lista de sus gastos mensuales. Estamos hablando de 1965, cuando el alquiler de su apartamento le costaba 35$ al mes. Pagaba 15$ de pensión alimenticia, gastaba 3$ en tabaco, 10$ en bebida y otros 15 en comida. Aunque pueden parecer cantidades irrisorias, con ese dinero podía comer, vestirse bien, tener un coche muy viejo y vivir en un apartamento medio o completamente destrozado en East Hollywood. Con 100$ iba tirando. Yo solo ganaba 400$ al mes, con lo que le daba el 25 por ciento de mis ingresos. Pero en cuanto las cosas empezaron a ir bien, nuestra situación mejoró.
Al final le pagaba un anticipo para no tener que deberle tantísimo dinero. Llegué a pagarle 10.000$ cada dos semanas. A finales de aquel año acabé de pagarle lo que le debía. El dineral empezó a llegarnos cuando vendí sus libros para guiones de películas y cosas así.
Aparte de Factótum y Barfly, ¿se adaptó alguna otra novela al cine?
Sí. Vendimos otras pero nunca se llegaron a hacer los guiones. Vendimos Cartero a Taylor Hackford a principios de los 70; también vendimos La Senda del Perdedor... Me pillas desprevenido... a ver, se vendió Factótum, Mujeres se vendió a Paul Verhoeven y, por supuesto,Barfly.
¿Crees que es posible que lleven alguna al cine en el futuro?
¿Sabes qué? En estos momentos me importa bien poco. Yo quería que Bukowski fuera independiente, y murió siendo un millonario. Era muy comedido con su dinero, nada ostentoso. Recuerdo que una vez le acompañé a comprar un coche, un BMW. Llevaba pantalones y camisa de franela y un bolígrafo en el bolsillo de la pechera. Estuvo paseándose por el concesionario hasta que encontró el coche que quería. Los comerciales ni lo miraban. Finalmente, uno de ellos se acercó y dijo en un tono cargado de sarcasmo, “¿Puedo ayudarle, señor?”. Él respondió, “Sí, me gustaría comprar este coche”.
“¿Desea financiarlo?”, preguntó el tipo.
“No, pagaré con cheque.”
El comercial preguntó, “¿Ahora mismo?” y Bukowski le respondió que sí. El tipo se quedó pasmado. Al momento, aparecieron donuts, café y pastas como por arte de magia, y nos invitaron a sentarnos en cómodas sillas. Todos revoloteaban a nuestro alrededor. Bukowski rellenó el papeleo, extendió el cheque, subió al coche y se fue.
Una historia clásica. ¿En algún momento dudaste de si hacías bien dándole una cuarta parte de tu sueldo?
No. Nunca. Creía en él tanto como él creía en sí mismo. Fue casi como una conversión religiosa, nadie te puede convencer. No importa qué ocurra, te lanzarás en tu cruzada. Es como yo veía lo de publicar la obra de Bukowski.
¿Qué le parecía a Bukowski que se escribieran guiones de cine a partir de sus obras? Parece que tenía sentimientos contradictorios sobre Hollywood.
Bueno, se mofa de ello en la novela Hollywood. Antes de trabajar en la oficina de correos, había pasado más de una noche durmiendo en un banco en el parque. Era un hombre al que se llevaron a morir al hospital más grande de Los Ángeles como una acción benéfica y que casi muere desangrado. Era un hombre que había trabajado —como aparece en Factótum— en una fábrica de galletas para perros. Por las noches trabajó colocando placas en los vagones del metro, esas placas de publicidad que metes por una ranura. Trabajó en una tienda de marcos, enmarcando fotos. Era un hombre realmente curtido.
Tiempo después, gracias al poder de su narrativa, empezó a llamar la atención de gente famosa, como Elliot Gould, Bono... So mayor admirador era Sean Penn. Adoraba a Bukowski. Estaban muy cercanos el uno al otro. Ese era el botín, ¿entiendes? Antiguamente, en la época medieval, cuando saqueaban una ciudad, se quedaban con lo que encontraban de valor, joyas, obras de arte, lo que fuera. Todo eso pertenecía al ejército invasor. Bukowski se había ganado ese botín. Nunca despreció a nadie, pero recuerdo que una vez Bono estaba dando un concierto en el Dodger Stadium de Los Ángeles e invitó a Bukowski y a su mujer a asistir. Empezó el concierto diciendo, “Dedico este concierto a Charles Bukowski”. Y la gente lo vitoreó. Sabían quién era.
¿Qué relación tenía con Elliot Gould?
Es otra de las famosas historias de Bukowski. En una ocasión enfermó. Tenía fiebre y tos. Gould le dijo, “Tienes que ir a ver a mi médico”. Se lo llevó a Beverly Hills, donde un especialista le hizo un chequeo y le dijo, “Tienes agotamiento. Tómate unas vitaminas y unos días de descanso”. Pero la fiebre y la tos no remitían, así que Sean Penn se lo llevó a ver a su médico, otro especialista de Beverly Hills. El médico lo examinó y dijo, “No veo nada mal. Solo estás agotado. Procura no trabajar hasta tan tarde”, y consejos del estilo. Un día, uno de sus gatos quedó herido en una pelea. Bukowski lo llevó al veterinario cerca de donde vivía, en San Pedro, una zona marginal de marineros. El veterinario curó al gato, le puso unas vendas y le hizo lo que tenía que hacerle. Bukowski le dijo “Mira, he ido a ver a dos médicos porque me encuentro fatal, tengo tos, fiebre...” El veterinario lo examinó y le dijo, “Tienes tuberculosis”. ¡Los médicos de Beverly Hills no habían visto nunca un caso de tuberculosis! Es una enfermedad de gente pobre. Luego llega un veterinario y, sin siquiera tomarle la temperatura, le escucha toser y le dice que tiene tuberculosis. Sean Penn lo volvió a llevar a su médico, que estaba profundamente humillado. Le dieron una dieta y en un año ya se encontraba bien.
Espero que le dieran un aumento al veterinario. Volviendo a todos esos trabajos de baja categoría, a pesar de que entonces fueran un infierno, acabaron siendo una valiosa fuente de inspiración.
El sentimiento era de enfado, más que odio hacia esos trabajos. En otras palabras, una persona que odia su trabajo es mediocre, no tiene carácter ni conocimiento de sí misma. Por otro lado, puedes estar furioso por tener que ir a trabajar, y eso es lo que le pasaba a él, porque lo que realmente quería era escribir.
¿Cómo surgió su primera novela, Cartero?
Esta es una historia muy buena. En diciembre habíamos llegado a aquel acuerdo de pagarle 100$ al mes, así que avisó a la oficina de correos, de forma que su último día de trabajo allí sería el 31 de diciembre. Me dijo, “Vale, empezaré a trabajar contigo el día 2 de enero, porque el 1 es Año Nuevo y me lo voy a tomar libre. Nos pareció muy gracioso. Habían pasado tres o cuatro semanas —creo que todavía era enero o como mucho la primera semana de febrero— cuando me llamó. ¡Ah!, anteriormente le había dicho, “Si alguna vez te planteas escribir una novela, piensa que es más fácil venderla que la poesía, así que ayudaría mucho que escribieras una novela”. El caso es que me llamó y me dijo, “La tengo; ven a buscarla”. Le pregunté, “¿Qué?”. “La novela”, me dijo. “¿Has escrito una novela desde la última vez que nos vimos?”. “Sí” respondió. Cuando le pregunté cómo era posible, me respondió que el miedo puede hacerte conseguir muchas cosas. Y esa novela era Cartero.
Si lo hubieras conocido más joven y le hubieras propuesto escribir a tiempo completo antes de haberse dedicado a esos otros trabajos, ¿crees que su obra se habría visto resentida por la ausencia de esas experiencias?
Bueno, somos la suma de nuestras experiencias, y creo que para ser famoso tenía que pasar por todo lo que pasó. Es como Henri Miller en las calles de París. Si no hubiera vivido esa experiencia, ¿cómo podría haber escrito Trópico de Cáncer? Bukowski tocó fondo varias veces. El único periodo de estabilidad en su vida después de abandonar su hogar fue el tiempo que pasó en la oficina de correos. Como era un trabajo diario, tenía que estar sobrio, llegar puntual, pero ardía en deseos de escribir. Recuerda que dejó de escribir a finales de la década de 1940 y estuvo diez años sin escribir, casi siempre borracho. Luego, a finales de la década de 1950, tuvo que ser ingresado por una hemorragia en el recto. Casi muere.
¿Participaste en la producción de Barfly?
No. Lo único que hice fue preocuparme.
¿Por qué te preocupabas?
Porque la gente que Bukowski tenía alrededor. Hank no se sentía cómodo con la gente, entre la muchedumbre, ni siquiera en una pequeña reunión. Era un solitario. Le gustaba levantarse por la mañana, tomar un desayuno rápido con su mujer, leer el periódico, salir de casa a mediodía, ir a trabajar, volver a eso de las 18:00, cenar a las 19:00, subir a la planta de arriba a las 20:00 y escribir hasta las dos de la madrugada, y no quería que nada ni nadie interfiriera en su rutina, que se repetía los siete días de la semana. Sí que pasábamos tiempo juntos y le gustaba estar con Sean Penn, pero yo sabía que era mejor no pasarme a verlo todos los días, eso lo habría odiado. Habría sido educado conmigo; era el hombre más educado y honesto que he conocido. Era muy educado y se preocupaba mucho por tu bienestar. Siempre que estabas con él, quería saber si estabas feliz o no.
Ese aspecto no aparece mucho en su obra.
[Risas] No aparece nada. Su imagen pública es muy distinta al verdadero Bukowski.
¿Cómo de diferente, además de ser muy educado?
Lo conocía desde hace como 35 años. Nunca lo vi borracho. Ni una sola vez, nunca.
¿Qué? ¿En serio? ¿Bebía con frecuencia, aunque sea moderadamente?
No, creo que al contrario. No bebía muy a menudo, pero cuando lo hacía, bebía mucho. Bueno, bebía todos los días. Al final empezó a beber buen vino. No olvides que vivía para escribir y, como muchos escritores, durante el proceso —digamos que entre las ocho de la tarde y las dos de la madrugada— tomaba vino; como si fuera grasa para sus engranajes.
Entonces, ¿era un bebedor social? ¿El resto del día, bebía lo suficiente para mantenerse entonado?
Exacto. A no ser que fuera como durante la grabación de Barfly. Le invitaron a las fiestas del reparto e incluso a hacer un cameo en la película. Se ponía ciego a beber porque estaba asustado. Asustado de la gente.
Entonces, para que quede claro: en los 35 años que lo conociste, nunca lo has visto borracho.
A ver, lo conocí en 1965 y murió en 1994, entonces fueron unos 30 años. Pero en todo ese tiempo nunca lo vi borracho.
Pero cuando salía con esa gente de Hollywood, se emborrachaba.
Sí, pero yo no estaba allí. Yo vivía en Santa Bárbara. Me di cuenta de lo que iba a pasar cuando empezó a hacerse muy famoso. Recuerdo una vez que fui a verle a su cuchitril en East Hollywood. Era un apartamento en la planta baja, con un pequeño porche, en el que había un viejo sofá destrozado. No me habría sentado nunca en él, de lo sucio que estaba. El caso es que fui a visitarle y sentadas en el sofá me encontré a dos chicas rubias preciosas. Eran unas niñitas tiernas y elegantes. Pensé, ¿qué coño estarán haciendo aquí? Me dirigía al porche cuando una de ellas me dijo, “Tú no eres Bukowski”. “No, pero he quedado con él aquí dentro de diez o quince minutos”, le respondí. “Ah, pues nosotras hemos venido a verle desde Holanda”, replicó. “Vaya, muy bien. Estará encantado de conoceros”, les dije, o alguna otra chorrada similar. “Habéis viajado muchísimo solo para verle”, reconocí. Ellas respondieron, “Ya, es que queremos follar con él”.
Así de claro.
Sí. Dijeron que habían venido desde Ámsterdam para follar con Charles Bukowski.
¿Folló con ellas cuando volvió?
Pues lo dudo. Era la época en la que estaba escribiendo Mujeres, o poco antes. Cuando volvió, nos sentamos todos y charlamos unos 15 o 20 minutos. Cuando las chicas vieron que yo no tenía intención de irme, dijeron, “Bueno, volveremos más tarde”. Bukowski me dijo que nunca volvieron. Así que no sé. Puede que volvieran y no me lo hubiera dicho.
¿Se podría decir que Mujeres es una fiel representación de su estilo de vida?
Desde luego. Escribió la novela en 1975, 1976 o 1977 y yo la publiqué en 1978. Me enviaba los capítulos manuscritos a medida que los acababa y cuando los leía, tenía que sentarme, tranquilizarme y esperar que lo que leía no fuera cierto.
¿Alguna vez le preguntaste cuánto había de realidad?
Le llamaba y le preguntaba, “¿Estás bien? ¿Te estás comportando?” Porque bueno, siempre que yo estaba con él, su comportamiento era intachable. Hay que admitir que yo fui la vía de escape de la vida que llevaba antes. Hay una cosa que guardo enmarcada en mi casa: es un pedazo de papel en cuya parte superior él escribió:
Querido Johnny,
Eres el mejor jefe que he tenido nunca.
Y debajo había un dibujo de él mismo y su firma, Henry Chinaski.
Maravilloso.
Y cada dos semanas recibía un cheque. Quiero decir que para él yo representaba la estabilidad y el trabajo duro, porque él sabía lo duro que era mi trabajo y lo apreciaba. Así que era una relación ideal. Solía llamarme y, con esa voz profunda que tenía, me decía, “Señor Rolls, al habla el Sr. Royce”.
¿Fue a partir de entonces cuando empezó a llegar el dinero?
Sí. Yo bromeaba con él y le decía, “Un día te encenderás los puros con billetes de 50 dólares”. “¿Solo de 50? ¿Y por qué no de 100?”, me respondía. Era el tipo de hombre que, si se le caía un céntimo al suelo, se pararía a recogerlo y se lo metería en el bolsillo. No era un tacaño, porque podía llegar a ser muy generoso con la gente, pero era comedido, porque sabía lo que era llevar solo 20 o 30 céntimos en el bolsillo y estar muerto de hambre.
A Jonathan no le importa lo que opines de Bukowski. Puedes seguirlo en Twitter.

martes, 1 de julio de 2014

CUATRO POEMAS PARA LAUTARO BOLAÑO


Lautaro, nuestra familiaridad


Llegará el día en que no hagamos
tantas cosas como ahora hacemos juntos
Dormir abrazados
Cagar el uno al lado del otro sin vergüenza alguna
Jugar con la comida a lo largo del pasillo
de nuestra casa en la calle Aurora
Este pasillo débilmente iluminado
que sin duda conduce al infinito


Lautaro, nuestras pesadillas


A veces te despiertas gritando y te abrazas
a tu madre o a mí con la fuerza y la lucidez
que sólo un niño menor de dos años puede tener
A veces mis sueños están llenos de gritos en la ciudad fantasma
y los rostros perdidos me hacen preguntas
que jamás sabré contestar
Tú te despiertas y sales corriendo de tu habitación
y tus pies descalzos resuenan
en la larga noche de invierno de Europa
Yo regreso a los lugares del crimen
sitios duros y brillantes
tanto que al despertar me parece mentira que aún esté vivo


Lautaro, nuestras sombras

Hay días en que todo lo imitas y así puedo verte
repitiendo mis gestos
mis palabras
(tú, que no sabes decir más que mamá y 
papá, sí y no)
en una jerga extraña
el lenguaje de los seres pequeños
del otro lado de la cortina
y a veces olvido
cuál es mi sombra y cuál es
tu sombra
quién contempla el retrato de los Arnolfini
quién enciende la televisión


Lautaro, las facciones de León

Hay días en que veo en tu rostro
el rostro de mi padre, el cual según dicen,
se parecía a su padre
La mirada de León Bolaño aparece en tus
ojos entrecerrados
sobre todo cuando salimos a pasear
y la gente te saluda con ademanes cordiales
Otras veces pienso que no es así: esa quijada
de luchador, ese pelo rubio cenizo,
la disposición para la fiesta y el caos sólo remiten
a rescoldos de mi propia nostalgia
No obstante te pareces a él: sobre todo
estos días de enero
cuando salimos a pasear tomados de la mano
en medio de una luz frágil y persistente





Roberto Bolaño

lunes, 31 de marzo de 2014

París

Por ahora no es nada más que un proyecto, aunque ya tiene forma de libro. Quién sabe si encontraré algún editor lo suficientemente loco como para interesarse.

Hace 14 años, mis padres celebraron sus bodas de plata con un viaje a París. Menos de un mes después a mi padre le diagnosticaban un cáncer de esófago y, tan sólo 7 meses después, moría. Fue su último viaje sin tener en mente una enfermedad, sin temer el paso del tiempo y ser conscientes del deterioro, aunque ya durante aquellos días sufría molestias a la hora de comer.

Por ahora dejo sólo la portada, un proyecto que parte como personal pero que en mi cabeza ya ha sufrido varias transformaciones.


jueves, 24 de octubre de 2013

Un poema de Kirmen Uribe


HAYA


Imaz, de Alzo, plantó un retoño de haya
en el monte Basaitz, el año que conoció a su mujer.

Lo cuidó con esmero durante toda su vida,
y rodeándolo con su cinturón notaba cómo crecía.

Fue uno de los mejores escribiendo coplas,
y murió en 1893. Su mujer, veinticinco días después.

Para abarcar el contorno del haya, hoy en día
le haría falta un cinturón de cinco metros.



Kirmen Uribe. Mientras tanto cógeme la mano.
VISOR LIBROS. 2003.

lunes, 14 de octubre de 2013